miércoles, 12 de septiembre de 2012

13 de septiembre: acampa por la sanidad pública

Qué: Acampada por la sanidad pública
Cuándo: jueves 13 de septiembre, de 11:00 a 23:00
Dónde: Hospital de La Paz
 

 Externalización de las comidas, cobro por la cama de acompañante, recortes en recursos,  degradación de las condiciones laborales de los trabajadores de la salud, y, lo más doloroso, pérdida del derecho a la asistencia sanitaria para algunos ciudadanos. La deriva de la sanidad pública, la responsable de la salud y el bienestar de todos, es cuando menos preocupante.

En consecuencia, profesionales y usuarios de la sanidad pública -entre los que se cuentan organizaciones de migrantes, asambleas del 15M y asociaciones de vecinos- acamparán frente al Hospital de La Paz el próximo día 13 para llamar la atención de la sociedad sobre una política sanitaria que nos considera desechables.

Este es el programa que nos proponen para el próximo 13 de septiembre:
11:00. Inicio Acampada: “¡Despierta!”
12:00. Colaboración con la lucha de las trabajadoras y trabajadores del hospital La Paz.
12:30. Asamblea. Coordinadora Hospitales y Centros de Salud.
14:00. Comida “externalizada”. “Cocinas privatizadas = pacientes con tarteras”.
17:00. Charla coloquio sobre objeción de conciencia y otras resistencias a los ataques al derecho a la asistencia sanitaria.
18:00. Colaboración con la lucha de las trabajadoras y trabajadores del hospital La Paz.
18:30. Asamblea. “Ni recortes ni privatizaciones, sanidad 100×100 pública”.
20:00. Contra los recortes y la privatización de la Sanidad.
21:30. Cena “externalizada” “Cocinas privatizadas = pacientes con tarteras”.
22:30. Clausura. Acto simbólico de rescate de la sanidad pública y condena de la privatización de la sanidad.
23:00. Fin de la acampada.

Esta iniciativa parte de la Coordinadora de Hospitales y Centros Sanitarios de Madrid, que la definió en su asamblea del 21 de agosto, y se plantea como continuación de los encierros que ya han tenido lugar en centros hospitalarios. Además, han elaborado una carta dirigida a los usuarios del Sistema Nacional de Salud, explicando las consecuencias del decreto 16/2012.

Si no puedes acudir, no te preocupes, hay otras formas de colaborar. Desde la web (www.derechoacurar.org) se puede suscribir una carta dirigida a la ministra de Sanidad manifestándole el rechazo ante la exclusión de las personas sin permiso de residencia del Sistema de Salud.

Además, desde la web de la Plataforma “Yo Sí Sanidad Universal” puedes encontrar información y animarte a actuar contra este nuevo sistema de asegurados y no asegurados, ya sea objetando como profesional sanitario o desobedeciendo como usuario, formando parte de los grupos de acompañamiento que se están creando para ayudar a personas a las que les ha sido retirada la tarjeta sanitaria, etc.

También la SEMFYC (Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria) está creando un registro de profesionales que objetan a la nueva ley y que piensan seguir atendiendo a sus pacientes, tengan o no tarjeta sanitaria.
Y por último, te adelantamos que desde la RAAS (Red Autogestionada Anti-privatización de la Sanidad) están organizando una semana de lucha a nivel europeo (del 1 al 6 de octubre) para defender nuestra sanidad de los múltiples ataques que está sufriendo.

Como ves, hay muchas maneras de actuar y lo importante es no quedarnos cruzados de brazos mientras la sanidad pública, la de todos, se degrada. Planta cara como paciente, como profesional. Y recuerda, ¡nos vemos el jueves 13 frente al Hospital de La Paz!

Miles de inmigrantes sin papeles ni recursos son atendidos a diario por médicos altruistas. 85 euros por una infección de oído en el Centro de Salud del barrio de Malasaña

Engracia, una joven angoleña de 34 años, llegó a Madrid hace unos meses de la mano  de su hijo de siete años. Como no tiene papeles, no puede trabajar. Tampoco puede ir al médico si lo necesita porque no ha cotizado a la Seguridad Social. Por suerte, una amiga le recomendó que acudiera a una asociación de voluntarios que presta ayuda al pueblo africano (Karibu). "No te piden papeles. Te ayudan y ya está", cuenta emocionada desde la consulta médica de la ONG situada cerca de la madrileña calle de Santa Engracia.
Por primera vez su hijo va a poder visitar a un médico. No está enfermo, pero ella –"como cualquier madre", dice– quiere asegurarse que se encuentra en perfecto estado.En la sala de espera otras tres mujeres. "Lo sentimos, no hablamos español", nos dice una de ellas. Justo en ese momento una de las voluntarias de la asociación interrumpe para comunicarles que ya pueden recoger su medicación en la botica. Varias cajas de medicinas que recogen sin coste alguno. "Son medicamentos donados. Algunas farmacias también nos hacen llegar algunos fármacos", nos explica una de las mujeres de la asociación.

Sesenta voluntarios

Como Engracia, 4.000 inmigrantes africanos sin papeles y sin recursos económicos pasan cada año por las consultas de la ONG. Un equipo de 60 médicos voluntarios los atienden de lunes a viernes. "Es como un centro de salud, pero más rudimentario. Aquí nos abastecemos del material que en las consultas ya no sirve. Un peso viejo, una camilla estropeada, algún mueble rehabilitado...", explicó a 20 minutos Juan Manuel López Serrano, coordinador médico de Karibu y socio fundador.

Aunque tiene algunas especialidades (Ginecología, Dermatología y Psiquiatría), los problemas importantes los derivan a Urgencias. También tienen convenios con algunas clínicas que les hacen unos precios especiales por atenderlos o hacerles algunas pruebas. "Intentamos tirar poco de los convenios que tenemos que pagar porque casi no tenemos dinero", cuenta Juan Manuel.
El sábado pasado 910.000 inmigrantes en situación irregular (se calcula que 500.000 de ellos ya no residen en España) se quedaron sin tarjeta sanitaria. Con la nueva ley no es suficiente con estar empadronado, hace falta haber cotizado. A partir de ahora pagarán para ser atendidos y tendrán que costearse los medicamentos. Pero, ¿qué pasará si no pueden pagar? Karibu teme que en cuestión de un mes el número de inmigrantes que atienden se dispare. "Nosotros atendemos a personas sin papeles y sin recursos. Ahora puede que vengan ciudadanos documentados que han perdido la tarjeta de la Seguridad Social porque no han cotizado y no pueden pagar", cuentan.

85 euros por una infección de oído

La organización Médicos del Mundo denunció este miércoles el caso de una mujer rumana que el martes tuvo problemas para ser atendida en un centro de salud de Palma, donde le solicitaron que pagara por anticipado la prestación cuando acudía por una urgencia. La mujer fue al ambulatorio para que le curaran una infección de oído y le dijeron que tenía que abonar 85 euros. Finalmente fue atendida tras la intervención de la ONG que está realizando servicios de acompañamiento a inmigrantes.

Fuente: 20minutos

martes, 11 de septiembre de 2012

'Yo sí sanidad universal': una iniciativa por la desobediencia civil ante la ley sanitaria

Un grupo de ciudadanos y profesionales de la salud, que lleva por bandera “Yo sí, sanidad universal”, ha invitado a todos los ciudadanos a “rebelarse” contra el nuevo decreto ley (16/2012) que recorta el derecho de los sin papeles a acceder a la sanidad a la excepción de los servicios básicos de urgencia, maternidad y la atención infantil hasta los 18 años.

"Pretendemos llamar a la desobediencia civil en positivo", afirma Marta Malo, una de las impulsoras de esta plataforma. Según este colectivo, las nuevas medidas sanitarias “excluyen a muchas personas que necesitan atención médica continuada, sus medicamentos y de ciertas prestaciones para poder vivir. El Gobierno solo conseguirá fomentar las desigualdades sociales” subraya con rotundidad.

Los integrantes de “Yo sí, sanidad universal” durante la rueda de prensa han querido dejar claro que “no pertenecen a ningún partido político”, y que lo único que pretenden con esta iniciativa es concienciar a los ciudadanos a que se sumen a “sus reivindicaciones” y que así vuelva el modelo de sanidad anterior. Además, ofrecen una serie de alterativas a la nueva ley como por ejemplo: que los pacientes que continúan asegurados acompañen al inmigrante al médico y que el sanitario ponga el medicamento a nombre del primero para que el sin papeles pueda ser atendido.

"Tenemos que luchar para volver a garantizar el acceso a la sanidad a toda la población,  independientemente de su condición social", ha subrayado Marta Pérez, otra de las fundadoras de esta plataforma.

Para Malo, “el Gobierno está utilizando la sanidad para hacer política de extranjería, un juego extremadamente peligroso”. Como sanitaria apoya a todos sus colegas a que firmen la objeción de conciencia y “que no tengan miedo a atender sobre todo a los inmigrantes ilegales”.

Además, "Yo sí, sanidad universal" trabaja muy de cerca con los denominados grupos de acompañamiento. Estos se encargan de ayudar a los inmigrantes que se han quedado sin tarjeta sanitaria, darles asesoramiento legal y compañía.
Cristina Castañeda, una joven malagueña de 27 años, letrada en paro, colabora en uno de estos grupos. "Bueno pretendo echar una mano. Siendo abogada me hago eco de los últimos cambios y asesoro en lo que puedo a los inmigrantes". Uno de los sin papeles a los que ayuda Castañeda es Mohamed. "Tras idas y venidas en temas burocráticos hemos conseguido que le operen de su hernia en la espalda". "Hemos tenido suerte", afirma sentada en una mesa junto a su casco de bicicleta con la que se mueve por Madrid. "Lo suyo es lucharlo y hasta el final" dice mientras se despide.

Fuente: El País

domingo, 9 de septiembre de 2012

Madrid reclama al Ministerio que ponga en marcha las pólizas para sin papeles

Los "convenios especiales" que el Ministerio de Sanidad quería ofrecer a los inmigrantes en situación irregular, y por tanto sin derecho a la asistencia sanitaria ordinaria, para poder ser atendidos en la red pública en igualdad de condiciones con los residentes legales aún no existen. Se trata de una especie de pólizas (710 euros al año para los menores de 65 años), similares a las de los seguros privados, que se regularán en una orden cuyo borrador llegó a las comunidades autónomas a principios de agosto. Nada más se ha sabido de estos convenios, que el consejero de Sanidad madrileño, Javier Fernández-Lasquetty, considera "una buena opción". De hecho, al ser preguntado por ellos esta mañana, ha asegurado haber pedido al Ministerio que los ponga en marcha "cuanto antes".

El borrador de orden establecía que las personas menores de 65 años que quieran ser atendidas en hospitales y centros de salud públicos deberán pagar 710,40 euros al año —59,20 mensuales—. Desde los 65 años en adelante, el coste ascendería a 1.864,80 euros anuales (155,40 al mes). "Es una opción que es bueno que exista y me consta que el Ministerio está trabajando con toda la celeridad posible", ha afirmado Lasquetty tras una rueda de prensa de balance de la actividad de trasplantes en la región. "Requiere un cierto tiempo de tramitación y confío en que pronto podamos verla publicada en el BOE y ofrecerle esa opción a las personas que puedan cogerse a ella", ha añadido el consejero.


Lasquetty no ha ofrecido datos sobre cuántas tarjetas sanitarias han sido desactivadas en la región tras la entrada en vigor del real decreto 16/2012, que excluye de la atención sanitaria a los inmigrantes en situación irregular (salvo urgencias, menores y embarazadas). Según ha explicado, aunque los tuviera, ha afirmado que no se trataría de una cifra muy fiable. "Esa tarjeta estaba vinculada al empadronamiento. Los inmigrantes deben renovar el censo a los dos años, por lo que la Administración sólo se entera de que una persona que tuvo tarjeta sólo dos años después", ha asegurado.
"Eso era indicativo en un contexto de aumento de inmigración, como el que hubo desde 1998 hasta el 2007. Pero en los últimos dos años me consta que hay muchas personas que han abandonado España porque no hay trabajo ni oportunidades", así que muchas de las tarjetas que se den de baja corresponderán a personas que ya no viven en Madrid, ha añadido. En otros casos, según Lasquetty, se puede haber tratado de personas que vinieron con el único propósito de recibir atención sanitaria o quirúrgica y que, tras recibirla, volvieron a sus países. El consejero ha señalado que las historias clínicas de todas las personas permanecen en el sistema aunque carezcan de tarjeta sanitaria. "Cuando vuelvan a tener contacto" con la red pública, "se vuelve a tener acceso" a sus datos, ha añadido.

Lasquetty ha respondido también a las informaciones que apuntan a que las mamografías podrían desaparecer de la cartera básica de servicios sanitarios. Ha asegurado que en ninguna reunión se ha hablado de ese tema. "Lo que hay en marcha es una revisión de la cartera de servicios, que formó parte del programa de investidura del presidente del Gobierno y que la ministra de Sanidad está trabajando en ello. Creemos que es necesario y lo que ha hecho el Ministerio es, después de escuchar la opinión de todas las comunidades, abrir grupos de expertos, que son los que van a formular análisis para que en el seno del Consejo Interterritorial se tomen las decisiones que procedan", ha afirmado. Madrid también ha señalado a un grupo de expertos "especializados y de prestigio", ha añadido, y ha asegurado que dado que el Ministerio pidió la lista en agosto no cree que hayan empezado a reunirse aún.

Fuente:  El País

martes, 4 de septiembre de 2012

Médicos, enfermeros y administrativos que rechazan la exclusión de los sin papeles de la red sanitaria pública explican cómo tratarán de sortear el decreto

Desde el pasado sábado, 1 de septiembre, unos 150.000 inmigrantes irregulares se quedan sin tarjeta sanitaria. Las embarazadas y los menores tienen garantizada la asistencia, pero el resto solo podrán acudir a urgencias. ¿Qué ocurrirá con los pacientes crónicos, los que padecen VIH, los que necesitan hemodiálisis, los que sufren patologías psiquiátricas? A apenas cinco días de la entrada en vigor del real decreto que excluye a parte de la población del sistema ordinario de salud, las preguntas aún son muchas.
Más de 1.500 médicos se han declarado objetores: afirman que seguirán tratando a los sin papeles. ¿Podrán hacerlo? ¿Cómo? Hay comunidades, como la valenciana, que han prohibido expresamente a los objetores atender a los irregulares en horas de trabajo; otras, como Madrid, sostienen que todo el mundo será atendido y luego se pasará la factura al enfermo o a su país de origen (algo poco factible porque los convenios con otros países, de existir, no suelen cubrir a los irregulares).
Además de los médicos, la red pública la integran otros profesionales: administrativos, enfermeros, técnicos de laboratorio... Reconstruimos con ellos cómo se podría sortear la prohibición.


El mostrador

Rosa Rivero trabaja en la sanidad pública desde 1989. Es auxiliar administrativa en el centro de salud Gandhi, en San Blas, un distrito periférico de Madrid. Sabe que muchos de los pacientes a los que pide la tarjeta sanitaria para darles cita o gestionar una prueba diagnóstica no tendrán nada que entregarle a partir de septiembre. Pero no piensa dejar de atenderles. “Ya no les podré dar cita, pero claro que les mandaré al médico”, dice. “Si viene una persona al mostrador y dice que necesita un médico, yo no soy quién para preguntarle qué le pasa y tomar una decisión. Le diré que el médico de guardia está en tal sala y que hable con él”. Supongamos que el facultativo atiende al inmigrante y que este necesita ser derivado a un especialista. “No estará en la base de datos, así que no se podrá hacer la derivación”, lamenta. “Me temo que nos van a convertir en taquilleras, que esperan que tratemos a la gente como si fueran al cine y no como personas que necesitan atención sanitaria”.
"Ninguno de mis compañeros va a tener el valor de decirle a alguien que venga mal que no se le atiende”, confía la administrativa de un centro de salud madrileño que prefiere no dar su nombre. En su trabajo han tenido reuniones internas para ver cómo gestionar la situación. “Los administrativos no somos competentes para valorar un caso: remitiremos al paciente al médico de urgencia del centro para que sea él quien tenga la última palabra”, explica. En la próxima reunión concretarán qué médicos del centro van a colaborar con este sistema. “Tengo 52 años y nunca se me ha dicho en una consulta que no me van a atender, así que me parece fatal que alguien tenga que pasar por esa situación”, concluye.


Hacia la consulta

“En mi centro de salud hay mucha población extranjera: sudamericanos, últimamente muchos chinos…”, cuenta Carlos Prieto, celador del centro Gandhi. “Pienso seguir atendiéndoles normalmente, independientemente de si les corresponde legalmente la asistencia o no. No pienso preguntar. Si llega una persona con movilidad reducida, le preguntaré adónde se dirige y le llevaré, como hago siempre”.

El médico de familia

“Algo tiene que hacer la Consejería de Sanidad para evitar el caos descomunal que va a ser esto”, opina, conciliador, José Luis Quintana, médico de familia en el centro de salud El Greco, en Getafe (Madrid). “Confío en que arbitre una salida; si no la hay, habrá que inventarla”, añade. “Hay que atender a todo el mundo. No ya por una cuestión ética, que también, sino legal incluso. Hay un artículo en el Código Penal sobre la denegación de auxilio. Estos días estamos oyendo de todo, como que los objetores tenemos que atender fuera del horario laboral. Eso no puede ser. Si un señor dice que está enfermo yo tengo que verle. Y si necesita análisis o radiografías hablaré con los compañeros para poderlo tramitar... si puedo”. Lo primero que hará Mario Soler, de 55 años, médico de familia en Murcia, es poner un cartel en la puerta de su consulta; en él anunciará que es objetor y que atiende a inmigrantes sin papeles. Y avisará a las administrativas. Cuando se lo soliciten, apretará su horario para hacerles un hueco: “Les daré cita al final de mi horario de consulta para que el resto de pacientes no puedan decir que se retrasa su atención por su culpa”. De nueve de la mañana a dos de la tarde suele pasar consulta. Hasta las tres se dedica a hacer informes o reuniones. Será ese tiempo, de 14.00 a 15.00, el que dedique a atenderles. ¿Y qué hará con el trabajo al que dedicaba esa hora diaria? “Lo haré más deprisa o saldré un poco más tarde. No van a ser tantos; en ningún caso me va a desbordar ni a trastocar mi trabajo, estoy seguro”.


Hasta ahí, Mario solo depende de él y de su tiempo. El problema de las pruebas ha pensado solucionarlo con un resquicio del sistema: si se le permite atender urgencias, entonces su truco será tratarlos a todos como urgentes. “Que me argumenten que no es urgente una infección de orina. ¿Y si se complica y acaba en una pielonefritis?”, inquiere. Más complicado será derivarles a un especialista. Sospecha que no va a ser tan fácil como cuando se pedía un favor para un hermano o un amigo. “Si mi paciente necesita a un cardiólogo y yo no conozco a ninguno, ¿qué voy a hacer?”.
En todo caso, no tiene dudas sobre la cuestión de fondo: “Pocas cosas en mi vida profesional he tenido más claras que esta. Mi lealtad con el sistema nacional de salud es importante, pero tengo otra lealtad con mis pacientes y en este conflicto ético he optado por darles prioridad a ellos”, argumenta. Él cree que los médicos que no van a objetar se equivocan: “Para un médico es un delito denegar asistencia a un enfermo. Los que quieran cumplir la norma van a tener un gran conflicto”.
Sagrario Martín, médico de familia en un centro de atención primaria de Madrid, resume su postura: anteponer la ética a la norma. “La salud es un derecho humano, independientemente de la situación administrativa de la persona”, dice. Y añade que excluir de la asistencia a un colectivo “especialmente vulnerable” tiene riesgos de salud pública: enfermedades infecciosas que no se atajan, retraso en diagnósticos, saturación de urgencias… No tiene claro cómo hará efectiva su objeción. “Hay mucha confusión. Cada día surgen nuevas informaciones sobre cómo se aplicará la norma en cada autonomía. Va a ser difícil”, reconoce. “Hasta que sepamos cómo quedan esas barreras no podremos decidir qué hacer”.

La enfermera

Remedios Piqueras ya se ha puesto manos a la obra. Ha empezado a hacer llamadas a especialistas, a médicos de urgencias, a colegas en hospitales. El objetivo: averiguar quién está —también— en el barco. Promete que ya tiene a unos cuantos. El ejercicio de la objeción de conciencia en esta enfermera de 50 años, con 25 de profesión, va más allá de seguir poniendo puntos o hacer curas a los inmigrantes irregulares que llamen a la puerta: “Intentaremos crear una red para atender a todo el mundo. En lo que no dependa de mí también intentaré que haya una persona que les atienda”. Una red construida con el boca a boca, que tendrá que volver a los métodos tradicionales. “Si el sistema no me permite informáticamente derivarles al especialista, tendré que escribirlo a mano. Al fin y al cabo, llegará a quien ya sepa que le puede llegar”, propone. En su centro de salud, en Murcia, los objetores ya se han reunido para estudiar cómo organizarse. De momento hay muchas dudas; solo serán conscientes de lo que son capaces de hacer una vez lo pongan en marcha. “Va a ser difícil, pero confío en que al final seamos muchos”.


El hospital

“Cualquier acto médico requiere la tarjeta sanitaria. Hay que pasar la banda magnética físicamente, para todo”, señala Rafael Bornstein, hematólogo del hospital de la Cruz Roja de Madrid. Se declara objetor, pero admite que será “difícil llevarlo a la práctica”. Si se le pregunta qué hará él si, por ejemplo, un colega de primaria le pide que atienda a un sin papeles, no duda: “Le vería si me lleva 10 o 15 minutos de mi tiempo. Y no consultaría a la dirección. Otra cosa es utilizar recursos diagnósticos del hospital. Entonces pediría permiso y, como supongo que no me lo darían, no iría más allá”.
“Los irresponsables serán los que no objeten”, suelta la psiquiatra Eudoxia Gay, que trabaja en el centro de salud mental de Carranque, dependiente del hospital Virgen de la Victoria de Málaga. “Seguiré viendo a los pacientes las veces que sea necesario”, asegura. Ella confía en que sigan funcionando los “espacios informales de comunicación” con los médicos del centro de salud, de forma que los enfermos mentales sigan llegando a su puerta una vez detectados en primaria. “El enfermo mental es la antítesis del turista sanitario. Jamás demandará atención. En muchos casos ni siquiera tiene consciencia de la enfermedad. Con los enfermos mentales es imposible la alternativa de la ONG. No podemos hacer caridad ni beneficencia. No pueden ser atendidos en urgencias. Al enfermo mental hay que detectarlo, y eso pasa en primaria”, explica.
Gay cree que el “riesgo para la salud pública” es especialmente agudo en el caso de la psiquiatría. “Si no tratamos a los inmigrantes, se incrementará la bolsa de marginalidad enferma”, avisa. Sabe que será difícil objetar, sobre todo en el caso de los tratamientos farmacológicos, “que son caros”, y de recursos como pisos o centros de día. ¿Y si algún enfermo irregular necesita hospitalización? “Buscaré el ingreso a partir de la puerta de urgencias”.
La Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (Semfyc) admite que su campaña en favor de la objeción de conciencia es más una medida de presión que un plan organizado. Su presidente, Josep Basora, aún confía en que el Ministerio de Sanidad dé marcha atrás a una medida que considera injusta e ineficaz. Médicos del Mundo también promueve en su página web la firma para apoyar la objeción del personal sanitario y la retirada de la normativa a través de la campaña Derecho a curar. Y la web yosisanidaduniversal.net va un paso más allá en el activismo: permite descargar modelos de historias clínicas alternativas y formularios con los que derivar a alguien a un especialista o pedir una analítica a un paciente que no consta en ninguna base de datos. La iniciativa propugna la “desobediencia civil” de profesionales y usuarios contra el decreto del Gobierno, pero no quiere crear “un sistema paralelo”, dice una colaboradora.

Pruebas diagnósticas

Miguel García Berciano, de 39 años, trabaja en el laboratorio de un hospital madrileño, en el que analizan la sangre y otras muestras biológicas de los pacientes del hospital y de varios centros de salud. Los tubos con las muestras llegan con códigos de barras y ellos no saben a quién corresponden, por lo que no pueden discriminar si se trata de un inmigrante irregular o no. Es decir, si el médico sortea el sistema y logra colar las muestras, se analizarán de forma habitual. Pero Miguel estaría dispuesto a colaborar incluso al margen del sistema: “El médico tendría que acercarse directamente al laboratorio con la muestra en mano; si lo hace, aunque sea sin código de barras, intentaremos analizarla”. “Pero yo tengo muchos filtros por encima. Cuando llegue a mí ya habrá superado muchas barreras”, lamenta.
Lola Gimeno, de 57 años, es técnica de anatomía patológica y citología en un hospital de Madrid. Hace autopsias, biopsias y citologías. “Tengo poca capacidad de decisión; si el médico pide la prueba no tengo más que hacerla”, explica. ¿Y si le consta que es de un inmigrante irregular? “Yo lo haré, la salud es un derecho de todos, me da igual el país en el que hayan nacido”, contesta. Sí necesitaría, sin embargo, la firma del patólogo que pida la prueba. “Ahí tengo las manos pilladas”.

 Fuente: El País

Instrucciones de la Comunidad de Madrid sobre la asistencia sanitaria a prestar por el Servicio Madrileño de Salud a todas aquellas personas que no tengan la condición de asegurada o beneficiaria

La sanidad madrileña atenderá a partir del próximo día 1 a los inmigrantes en situación irregular en urgencias, así como a las mujeres embarazadas y que den a luz, mientras que en el resto de los casos estas personas deberán suscribir un convenio para ser atendidos, pagando una cuota.
La Comunidad de Madrid enviará hoy a los centros de salud y hospitales de la región las "Instrucciones sobre la asistencia sanitaria a prestar por el Servicio Madrileño de Salud a todas aquellas personas que no tengan la condición de asegurada o beneficiaria", a las que ha tenido acceso Efe.

El documento asume el Real Decreto Ley de 20 de abril de medidas urgentes para garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud, que establece que los extranjeros que se encuentren en España y no coticen a la Seguridad Social, que no sean ni asegurados ni beneficiarios, paguen una cuota mensual si quieren tener cobertura sanitaria completa.
El Decreto fue diseñado para españoles "rentistas" que nunca han trabajado, para europeos que quieran ser atendidos por el sistema sanitario español y para otros extranjeros que durante su estancia en España quieran esa cobertura total por el sistema público, por lo que afectará también a los inmigrantes en situación irregular.

Como ya adelantó el consejero de Sanidad, Javier Fernández-Lasquetty, a estos últimos se les retirará la tarjeta sanitaria, pero serán atendidos en urgencias, por enfermedad grave o accidente, así como durante el embarazo, parto y postparto y en el caso de los menores de 18 años, tal y como establece el Decreto.

La Comunidad de Madrid recuerda que las personas no aseguradas o beneficiarias pueden suscribir un Convenio Especial y recibir asistencia sanitaria "mediante el pago de la correspondiente contraprestación o cuota derivada de la suscripción".

Especifica que todos los procesos cuyo tratamiento se haya iniciado antes del 31 de agosto de 2012 "seguirán siendo atendidos, sin que generen ningún tipo de facturación de su importe al usuario".
Las instrucciones de la Consejería de Sanidad garantizan la asistencia sanitaria "a toda persona que acuda a la urgencia de cualquier centro de atención primaria u hospitalaria, con independencia del tratamiento administrativo posterior".

Se reconocen "situaciones especiales" para los inmigrantes en situación irregular, como la atención de urgencia por enfermedad grave o accidente, "cualquiera que sea su causa, hasta la situación de alta médica", que no conllevará facturación alguna.

Si este paciente precisa un seguimiento posterior en un hospital o centro de salud "se le indicará que para ser atendido, puede suscribir un Convenio Especial para dar cobertura a dicha asistencia o, en caso contrario, ésta le será facturada y, en su caso, la factura será remitida, a través del órgano competente de la Administración General del Estado, a su país de origen", en virtud de los convenios existentes con algunos países.


Las recetas médicas que se le prescriban no estarán financiadas por el Sistema Nacional de Salud.

También recibirán asistencia sanitaria las mujeres embarazadas y que den a luz, los menores de edad, los solicitantes de protección internacional cuya permanencia en España haya sido autorizada por ese motivo, y las víctimas de trata de seres humanos en período de restablecimiento y reflexión cuya estancia temporal en España haya sido autorizada.
En cuanto a los supuestos de salud pública o que pueden repercutir en la sociedad -enfermedades de declaración obligatoria y trastornos mentales graves-, también se garantiza la asistencia, aunque los atendidos tendrán que pagar, a excepción de si han suscrito un Convenio Especial o si el proceso evolutivo de la enfermedad dura menos de un año.
La medicación para estas enfermedades no se prescibirá mediante receta oficial. En todos los casos anteriores, los facultativos tendrán que registrar a estos usuarios especificando que no tienen permiso de residencia.

Las instrucciones especifican que las facturas se generarán al finalizar el proceso asistencial y serán remitidas, a través del órgano competente de la Administración General del Estado, al país de origen, en virtud de los convenios bilaterales suscritos por España.
El centro que haya prestado la asistencia sanitaria deberá hacer entrega de la factura al usuario, quien la firmará antes de abandonar el mismo o, en el caso de que hubiera habido atenciones previas, siempre se deberá garantizar que la factura anterior ya ha sido emitida y entregada a dicho usuario.'

Fuente: El Mundo

 Documento  'Instrucciones sobre la asistencia sanitaria a prestar por el Servicio Madrileño de Salud a todas aquellas personas que no tengan la condición de asegurada o beneficiaria'

domingo, 2 de septiembre de 2012

Madrid cobrará a los ‘sin papeles’ las enfermedades infecciosas crónicas

“Asistencia sanitaria en situaciones especiales”. Así define la Consejería de Sanidad madrileña el estatus que pasan a tener a partir del 1 de septiembre las personas que no son ni “aseguradas” ni “beneficiarias” y que, por tanto, dejan de tener acceso al sistema de protección sanitaria pública. Se trata, en muchos casos, de inmigrantes sin permiso de residencia en España —unos 150.000 en todo el país— que solo podrán acudir a la red pública en estos casos: de urgencia, para asistencia al embarazo y parto, si son menores, si se les ha autorizado el asilo o si son víctimas de trata. Todas estas son excepciones —no se les cobrará por atenderles— a la regla general que dicta que un extranjero en situación irregular pierde el derecho a la asistencia sanitaria gratuita.
Sin embargo, aún hay una sexta excepción a la norma: el supuesto de “salud pública”. Se trata principalmente de enfermedades infecciosas y de declaración obligatoria (hepatitis, legionelosis, tuberculosis, VIH...), aunque también se incluyen las patologías de salud mental (trastorno bipolar, esquizofrenia...). A diferencia de las otras excepciones, los extranjeros tendrán que pagar por su asistencia sanitaria, según el documento Instrucciones sobre la asistencia sanitaria a prestar por el Servicio Madrileño de Salud a todas aquellas personas que no tengan la condición de asegurada o beneficiaria, que llegó este martes a las consultas de primaria.



El texto asegura que la asistencia sanitaria de personas con estas patologías “conllevará facturación al usuario” salvo que se haya suscrito un “convenio especial” o “cuando se estime que el proceso evolutivo de la patología vaya a ser inferior a un año”. El “convenio especial” es la especie de póliza que el Gobierno quiere hacer pagar a los extranjeros no asegurados —710 euros al año— que quieran ser atendidos en la red pública. El problema es que, a tres días de la entrada en vigor de la normativa, nada se sabe de estos seguros. El Ministerio de Sanidad confirmó este martes que no se han aprobado y que tienen que recibir el visto bueno del próximo Consejo Interterritorial. “No está pensado para inmigrantes irregulares, sino para personas que viven en España y no trabajan ni cotizan”, aseguró ayer un portavoz. La ministra, Ana Mato, mantiene el miércoles en Valladolid una “reunión informal” con los consejeros de Sanidad para tratar ese y otros asuntos.
Pese a tratarse de supuestos de “salud pública”, los inmigrantes a los que se diagnostiquen patologías como el VIH, hepatitis crónicas y la mayoría de trastornos mentales tendrán que pagar y el Servicio Madrileño de Salud les entregará “directamente” la medicación, asegura el documento. No está claro si deberán ir a un hospital a buscarla o se la darán en el centro de salud.
La Consejería de Sanidad asegura que pretende pasar factura, cuando pueda, a los países de origen de los inmigrantes, pero en un pie de página admite que solo hay suscritos convenios bilaterales con seis (Andorra, Brasil, Chile, Marruecos, Perú y Túnez). Además, estos convenios cubren a ciudadanos asegurados, no a inmigrantes irregulares. “Por lo que estamos viendo, se va a facturar, pero no se va a cobrar”, sugiere la presidenta de la Sociedad Madrileña de Medicina de Familia y Comunitaria (Somamfyc), María Fernández.
Las instrucciones aseguran también que “todos los procesos” cuyo tratamiento se haya iniciado antes del 31 de agosto se seguirán atendiendo gratis. “¿Qué ocurre si estoy tratando a un paciente con diabetes y luego se le diagnostica un cáncer? ¿Se le factura el cáncer? Yo tengo pacientes, no patologías”, argumenta Fernández. Hay más incongruencias en la norma de la Consejería: “Podremos pedir pruebas y hacer derivaciones, pero como estos pacientes no tienen condición de asegurados no podremos hacerles recetas. Tendrán que ir a la farmacia hospitalaria a recoger los fármacos, y eso dificulta la accesibilidad al tratamiento”, explica. El documento prevé incluir a los no asegurados en el sistema informático Cibeles, en tipos específicos (“transeúnte sin permiso residencia”, “embarazada sin permiso residencia”...) que permitirán consultar sus historias clínicas pese a carecer de tarjeta sanitaria.

“Estas instrucciones son un parche a lo que ha hecho el Ministerio y dejan más preguntas de las que resuelven. ¿Qué van a hacer el resto de comunidades? Debería ser igual para toda España”, asegura el portavoz de Sanidad del PSOE en la Asamblea de Madrid, José Manuel Freire. La Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Madrid critica especialmente el tratamiento de los casos de “salud pública”. “Se refiere a un grupo de enfermedades infectocontagiosas que han de ser previamente diagnosticadas. ¿Dónde? Parece ser que en las urgencias, puesto que este es el único circuito asistencial al que pueden acceder. A los problemas de saturación se sumará la presencia de personas con enfermedades infectocontagiosas en los servicios de urgencias”, argumenta en un comunicado.'

Fuente: El País